domingo, 19 de septiembre de 2010

Daños Espirituales de Cecilia Ortiz

Lo que nos llena, nos fecunda y nos desnuda en este mundo, es necesario compartirlo. Por ello, tras infinitas lecturas, quisiera compartir mi preferencia hacia una poeta venezolana: Cecilia Ortiz. bid & co.editor nos regala una delicia con la publicación de Daños Espirituales, un libro que habla del amor y sus desencuentros. Sea este un mometo procpicio para recordar lo maravillosa que es nuestra poesía. Ahí les va:


No hay agua ni rosal
He crecido bajo la égida de tu mirar altivo
Me das y me quitas
y yo duermo en la penumbra
de tus silencios
porque te amo
y considero tu soledad
Ven conmigo
seré la mejor
nata te hice
perdóname esta vez

(...)

Verte es recordar
que la vida vive
en el balcón de tu fantasía
olvidar entonces
tu mirar de abismo
de confusión y dicha
de todo lo que habita

Verte es dilucidar
el desperdicio del regalo
en la cumbre
borra las cosas malas
que apenas decidieron
rozarnos

(...)

Enamorado furtivo
Que me amas en silencio
¿Por qué no contestas cuando llamas?
Habla
A mi figurado misterio
Para saber
Si eres el que yo quiero

(...)

Mi fiera interior
ese animal disuelto
en la sangre
salta y engulle
los cuerpos a su paso
no oye nada
si es preciso
guarda las garras
con cuidado para no morder
un trozo de tu carne
espera detrás de la puerta
quiere una nueva presa
Ah……una presa.

(...)
Somos los amantes que se deshacen
en sus sueños
No tenemos nombre en las esquelas
del futuro
Nos iremos rápido
con las primeras horas del amanecer
No se levantará una lágrima
No habrá fe perdida
sólo comienzo
Seremos escudos que navegan
en aguas azules
siempre vencedores
¿Quién dice que faltaremos?
Como aves migratorias
volaremos
hasta que un límite diminuto
nos desvanezca.

(...)

Lágrimas
en el sonido de tu ausencia
delibero nuestra historia
¿Y qué somos ahora
cuando el amor no nos sostiene?
que aproximación a la distancia
nos encontrará de nuevo
desprendidos
enamorados.

Vanessa Hidalgo

domingo, 4 de abril de 2010

FAREWELL: Recordando a José Edmundo Cruz


1999 fue, para el módulo 905 de la Especialidad Castellano, Literatura y Latín, un espacio contentivo de expectativas y sorpresas. La fascinación por lo literario ya estaba pero un profesor, José Cruz, nos abrió la puerta con un poema de despedidas: Farewell. Desde entonces, cada día, tras la lectura de un cuento, un texto poético e incluso, la oración del tabaco, nos fuimos contagiando de ese goce afín por la lectura. La sencillez de su palabra, su didáctica y sensibilidad, tocó la fibra de quienes comenzábamos a descubrir los vaivenes de la pedagogía y la exquisita gama de la Literatura Universal. Con José logramos acercarnos dichosos a lecturas como Axolot; Funes, el memorioso y La Increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada. Pero, él no sólo representaba la academia sino al amigo. Detrás de su seriedad y respeto, había una sonrisa discreta, un abrazo solidario y grandes oportunidades para conversar de todo. Es fácil recordar a este amigo a partir de los afectos. Desde su “burbuja espacial”, como él mismo la llamaba, unas cuantas personas pudimos hallar en él una personalidad mística y a un poeta. Esta última faceta muy pocos la conocen, pero sí. José escribía poesía. Y en alguna oportunidad tuve en mis manos algunos de esos textos cautivantes, amorosos, llanos, muy parecidos a él. Y tenerlos conmigo fue romper esa burbuja. ¡Gracias, José, gracias! Pero te los llevaste, amigo y ahora no los conseguimos. ¿Habrá alguna razón para que no quieras que sean publicados? Hoy, al abrir mi cuaderno de Introducción al estudio de la Literatura, respiro cada una de sus clases. Sus palabras perpetuaron no sólo en las hojas sino en la memoria. Eso es un signo que habla de su extraordinaria praxis. Nos queda todavía un universo de él. Quedan cuantiosos abrazos que “se pudren” (utilizando ese verso tan suyo), mucho agradecimiento por decir y un cariño inefable por parte de sus amigos que de seguro, él podrá sentir desde donde se encuentra. ¿Volverán las oscuras golondrinas? No lo sabemos. ¿Habrá un retorno, existirá el después? Él mismo nos decía: “cuando uno muere se lleva lo vivido”. Ojalá hayamos sido suficientes para ocupar un poco de esa maleta que se llevó al mudarse. Nosotros nos quedamos, por ahora, para salvar el recuerdo.
Vanessa Hidalgo