
1999 fue, para el módulo 905 de la Especialidad Castellano, Literatura y Latín, un espacio contentivo de expectativas y sorpresas. La fascinación por lo literario ya estaba pero un profesor, José Cruz, nos abrió la puerta con un poema de despedidas: Farewell. Desde entonces, cada día, tras la lectura de un cuento, un texto poético e incluso, la oración del tabaco, nos fuimos contagiando de ese goce afín por la lectura. La sencillez de su palabra, su didáctica y sensibilidad, tocó la fibra de quienes comenzábamos a descubrir los vaivenes de la pedagogía y la exquisita gama de la Literatura Universal. Con José logramos acercarnos dichosos a lecturas como Axolot; Funes, el memorioso y La Increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada. Pero, él no sólo representaba la academia sino al amigo. Detrás de su seriedad y respeto, había una sonrisa discreta, un abrazo solidario y grandes oportunidades para conversar de todo. Es fácil recordar a este amigo a partir de los afectos. Desde su “burbuja espacial”, como él mismo la llamaba, unas cuantas personas pudimos hallar en él una personalidad mística y a un poeta. Esta última faceta muy pocos la conocen, pero sí. José escribía poesía. Y en alguna oportunidad tuve en mis manos algunos de esos textos cautivantes, amorosos, llanos, muy parecidos a él. Y tenerlos conmigo fue romper esa burbuja. ¡Gracias, José, gracias! Pero te los llevaste, amigo y ahora no los conseguimos. ¿Habrá alguna razón para que no quieras que sean publicados? Hoy, al abrir mi cuaderno de Introducción al estudio de la Literatura, respiro cada una de sus clases. Sus palabras perpetuaron no sólo en las hojas sino en la memoria. Eso es un signo que habla de su extraordinaria praxis. Nos queda todavía un universo de él. Quedan cuantiosos abrazos que “se pudren” (utilizando ese verso tan suyo), mucho agradecimiento por decir y un cariño inefable por parte de sus amigos que de seguro, él podrá sentir desde donde se encuentra. ¿Volverán las oscuras golondrinas? No lo sabemos. ¿Habrá un retorno, existirá el después? Él mismo nos decía: “cuando uno muere se lleva lo vivido”. Ojalá hayamos sido suficientes para ocupar un poco de esa maleta que se llevó al mudarse. Nosotros nos quedamos, por ahora, para salvar el recuerdo.
Vanessa Hidalgo