jueves, 9 de abril de 2009



EL CUERPO HENDIDO:
RESIGNIFICACIÓN DE LO CORPÓREO EN LA POESÍA DE MARÍA AUXILIADORA ÁLVAREZ


Por: Vanessa Hidalgo


A finales del siglo XX el cuerpo femenino se incorpora a la literatura latinoamericana en una nueva dimensión, pues se denuncia la violencia ejercida contra él, desde lo doméstico y lo clínico. Las construcciones ideológicas como el cuerpo, la sangre y los vestigios que deja la maternidad, han dejado de ser símbolos hermosos y se manifiestan sin el pudor al que estamos acostumbrados. Éste es el caso de la obra de María Auxiliadora Álvarez donde la sangre del flujo menstrual, ausente en la poesía descrita por hombres, adopta una visión distinta a la de fertilidad y creación. El desgarro del parto visto como metáfora de la escritura, se textualiza como símbolo de identidad femenina y se resignifica en la poesía de Álvarez. Con ello, la escritora asume un alto compromiso de romper con el estilo modernista ya acabado, para presentar una obra que muchos han denominado antipoesía o negación de lo poético.
Hubo un momento literario en el que se analizaban los temas que socavaban a la mujer escritora, pero en este siglo se desprende una escogencia de temas considerados pocos relevantes, temas de los cuales la mujer no se hubiese atrevido a hablar doscientos años atrás. Nos dice Forgues (1991)

“Hay zonas que el hombre no ha tocado nunca porque cree que no son ‘importantes’ y considera indigno mencionarlas. A la mujer, en cambio, no le importa; no tiene vergüenza de no escoger temas ‘importantes’ para hacer poesía”. (Samoilovich, 1995).




En este sentido, María Auxiliadora Álvarez se manifiesta desde lo contemporáneo, desde lo salvaje y sensible, sin obviar el discurso bajo, oscuro, humillante, un discurso que no teme rebajar el lenguaje poético a lo sórdido. Así, la poesía adopta el chiste, la burla, el sarcasmo, la ironía para generar una obra distinta. Para entender esto, diría Pantin (1999) hay que aceptar “la naturaleza viva y mutante del lenguaje cuando expresa la también cambiante realidad”.

Cuerpo, es la obra de Álvarez en la que se reconocen estos rasgos de una nueva escritura donde se ataca la posición social de la mujer en su arquetipo materno, donde se suprimen el cuerpo femenino como objeto de deseo y placer y se acercan a la cruda realidad de exponer el cuerpo a sacrificios físicos y emocionales como la enfermedad, la maternidad y el aborto. Con esto da inicio a una visión del cuerpo como proveedor de una enfermedad. Ésto no se había observado en la poesía femenina. El cuerpo como elemento erótico no es el cuerpo de María Auxiliadora Álvarez. En la poesía de Álvarez el cuerpo materno es vejado por la ciencia y expuesto por el ultraje científico:

el tema de la maternidad deja de ser idealizado por la mujer (desde la visión externa del hombre) y es visto como una experiencia hospitalaria y aterradora. El parto es tratado como una carnicería, los médicos- los hombres- son carniceros y la madre- esa figura noble y abnegada que conocemos desde la tradición- es una vaca que ingresa con otras mujeres al matadero.
Es Cuerpo, el poemario en el que la experiencia de la maternidad se convierte en “diario de reclusa y de ser condenada a ser cuerpo” Crespo, (2001). La mujer escritura se niega categóricamente a parir desde el momento en que se rebela contra ese estado de miedo que significa asumir su feminidad con el primer monstruo: “el cuerpo de mujer que no permite que la especie se instale en ella sin oponer resistencia”.

Cuerpo explora la imagen de la madre, se detiene en el alumbramiento sin rechazar la maternidad pero mostrando otra visión de ésta con la mera intención de develar “el tránsito de la violencia y de dolor inmedibles que rodean las circunstancias biológicas y emocionales de la madre en el trance de la procreación y del hijo en el trance en un hospital de América latina” (Álvarez, 2003). Puesto que la maternidad es un estado ligado estrechamente a la feminidad por su constitución psíquica, física y biológica, la autora nos recuerda que es entonces la mujer la encargada de decirlo todo sobre ello, es su experiencia la valedera y no el imaginario masculino del cual se hablaba.
El dolor, el alumbramiento, se denotan desde su primer poema

María Auxiliadora Álvarez habla de la mujer como un cuerpo derrotado, flácido, en contraposición de la “elegancia ceñida del hombre y con la piel suave, lisa y elástica” De Beavouvoir, S. (1970) de la mujer que no ha parido. Simultáneamente se detiene un cuerpo bacheleriano (la casa, el cobijo, el resguardo materno) y otro cuerpo vacío, “de abdomen grande oscuro de vagina, de pie descalzo sangriento y lento, de ojo de miedo” cuando se transforma en tierra de nadie, cuando no da vida sino muerte. El cuerpo en su poesía es abundante: reclama, sufre pero no se calla:

Un espacio oscuro
que recorro con la lengua
y me sabe a semen
a sangre
a agua de renacuajo

Frente al dolor y la vejación, la mujer es para Álvarez:

Un animal quieto
amarrado
hinchado
habitual
muerto

Hoy, la poesía escrita por mujeres venezolanas cobra cuerpo desde la creación propia de autoras. Es ésta una poesía signada por la exploración cada vez más interna del tema femenino, entendido desde la proyección interior del cuerpo como sujeto de impresiones físicas y psicológicas propias de la mujer donde el lenguaje se deconstruye para hablar desde la experiencia real de lo femenino.

Cada poema se hace visible, se pasa del comentario doliente de la mujer hacia la exposición del tema del cuerpo. Más que denuncia, la poeta que ha escrito desde su propio lenguaje, pone de relieve su visión de lo femenino-real. Así, pues, la corporalidad que se intentaría reivindicar a lo largo de la poesía de género, se manifiesta a partir de las autoras, quienes impulsan su resignificación desde una explicita subjetividad que la ubica junto al lector, en el lugar de espectador, pero a la vez de actor.
La poesía que nos presenta María Auxiliadora es de carácter múltiple y se configura a partir de espacios corporales. Las alusiones hacia el cuerpo problematizan el sistema social en el que se/nos desarrollan/mos. Su cuerpo hendido se articula como una invitación formal al lector a transformarse en un cuerpo. La declaración del cuerpo es la manera posible que las autoras nos proponen para escudriñar la enfermedad/herida del cuerpo, ya sea del vestuario del hombre o las cicatrices de los géneros.

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