
Desde principios del siglo XX en Venezuela, se abre un amplio camino a la poesía escrita por mujeres: Enriqueta Arvelo Larriva, María Calcaño, Elizabeth Schön, Luz Machado, Ana Enriqueta Terán e Ida Gramcko, quienes generaron una conciencia de género y le otorgaron un valor especial a la inserción de su obra en el campo cultural. A pesar de que su producción se ha hecho sentir con importantes reconocimientos a nivel nacional e internacional, aún hay muchas de estas autoras ocultas y otras olvidadas. Es evidente la escasa atención académica que se les ha dado, y por ello, no hay un verdadero trabajo que devele la verdadera propuesta que éstas nos ofrecen. Puesto que la literatura no tiene sexo, la dificultad para el trabajo de esta poesía, no es precisamente el enfrentamiento hombre- mujer al que se ha sometido la obra, sino la percepción del mundo y su abordaje. No se trata pues, de que la mujer ha asumido el rol masculino para decir lo que de él mismo ha concebido; se propuso más bien a hablar sobre aquello de lo cual el hombre no podía: el parto, la menstruación, el aborto, la maternidad. En la poesía venezolana producida por mujeres en el siglo XX, el amor, el cuerpo, la familia, la convivencia en pareja, han dejado de ser símbolos hermosos. Un ejemplo lo constituye el descarno con el que las autoras invalidan la sublimación del matrimonio y se atreven a decirlo, según su época. Con ello, la mujer asume un alto compromiso de romper con el estilo tradicional ya acabado para presentar una escritura que muchos han denominado equivocadamente antipoesía o negación de lo poético. En este sentido, la mujer adopta un estilo rebelde y sensible, sin obviar el discurso bajo, oscuro, humillante, que no teme rebajar el lenguaje poético a lo sórdido. Así, la poesía adopta el chiste, la burla, el sarcasmo, la ironía para generar una obra distinta. Hay que aceptar, pues, “la naturaleza viva y mutante del lenguaje cuando expresa la también cambiante realidad”. Pantin (1999) Hoy, la poesía escrita por mujeres venezolanas cobra cuerpo desde la expresión propia de autoras de la primera década del siglo XX hasta su cumbre. En ella se “encarna la doblez subjetividad-objetividad, clave del pensamiento contemporáneo”. Rodríguez (2005) Es ésta una poesía signada por la exploración cada vez más interna del tema femenino, entendido desde la proyección interior del como sujeto de impresiones físicas y psicológicas propias de la mujer, donde el lenguaje se resignifica para hablar desde la experiencia real de lo femenino. “Escribe en fin, para vivir, para consagrar (entregar y también transformar en sagrado por la voluntad de la palabra) su vida a ese destino” Rodríguez (2005) Vanessa Anaís Hidalgo Profa. Castellano, Literatura y Latín.
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